La reciente grabación de una cápsula del programa de UAM Radio Interlínea, cultura editorial, me dio pauta para especular un poco.
Hay muchas discusiones que envuelven a lo que se ha dado en llamar libro electrónico, libro digital, libro interactivo digital, e-book, más los términos que se acumulen esta semana. De hecho en Wikipedia los editores incorporaron dos términos que desconocía: ciberlibro y ecolibro. No hay convenio ni siquiera en cuanto al término.
En su página de internet, la Real Academia Española (RAE) informaba de un acuerdo alcanzado por “consenso”. “Tras un breve período de consulta y debate en el seno de las otras 21 Academias de la Lengua Española, la RAE ha decidido incluir en su próxima versión del Diccionario el término ‘libro electrónico’. El acuerdo ha sido tomado por unanimidad, con el apoyo favorable de las 22 Academias de la Lengua Española”.
En dicho compromiso se considerarían dos acepciones para la vigésima tercera edición del diccionario que se publicaría en 2013, pero que verá la luz hasta en 2014 como parte de los festejos por los trescientos años de vida de esa venerable y polémica institución fundada por Juan Manuel Fernández Pacheco, séptimo duque de Escalona de una nafatlinesca lista que comprende a veintitrés nobles si incluimos al actual, afecto a posar para el Hola y publicaciones similares como la mayoría de los papanatas de sangre azul.
En fin, en una liga a la página de internet de la RAE fechada el 1 de julio de 2010 puede leerse lo siguiente del libro electrónico:
1. Dispositivo electrónico que permite almacenar, reproducir y leer libros.
2. Libro en formato adecuado para leerse en ese dispositivo.
Lo cierto es que si en esa misma liga uno pone en el buscador del diccionario “libro electrónico”, aparece un artículo enmendado que anticipa la vigésima tercera edición y tiene las siguientes definiciones:
1. m. Dispositivo electrónico que permite almacenar, reproducir y leer libros.
2. m. Libro en formato adecuado para leerse en ese dispositivo o en la pantalla de un ordenador.
Si la enmienda es posterior al acuerdo del 1 de julio de 2010 habría que preguntarse, ¿quién tuvo la brillante idea de agregarle “o en la pantalla de un ordenador”?
Sobra la explicación aunque en la definición de ordenador estén contemplados por sus características los llamados teléfonos “inteligentes” (los hay tontos y también rejegos) las tabletas, ciertos televisores y hasta algunos relojes de pulsera. En otras palabras, sin el agregado de marras, la explicación es suficiente.
Tengo la impresión de que la definición del libro electrónico tiene más aceptación que la de libro digital por la sencilla razón de que el DRAE no incorpora en sus definiciones la acepción derivada del sistema binario cuando define la palabra digital.
1. adj. Perteneciente o relativo a los dedos.
2. adj. Referente a los números dígitos y en particular a los instrumentos de medida que la expresan con ellos. Reloj digital.
3. f. Planta herbácea de la familia de las Escrofulariáceas, cuyas hojas se usan en medicina.
4. f. Flor de esta planta.
Ya no me detendré aquí a discutir la definición de “electrónico” del DRAE, pero me parece que muy pronto se formarán telarañas en el todavía inédito mamotreto número 23. Lo cierto es que si tomamos como base al código binario y la discusión que tuvieron las academias para llegar al consenso publicado el 1 de julio de 2010, podríamos hacer otra pequeña enmienda que abarcaría una definición, me parece, más correcta. Libro digital:
1. Dispositivo digital que permite almacenar, reproducir y leer libros.
2. Libro en formato adecuado para leerse en ese dispositivo.
Estas dos acepciones comprenderían todas las prácticas lectoras y todos los neologismos que se vayan acumulando, incluidos los de la jerga tecnokitsch que por desgracia es la más pegadora.
Lo que de plano me parece una soberana tontería, es llamarles ecolibros a los múltiples dispositivos que usamos para leer en pantalla y que gracias a sus materiales y a sus parámetros de obsolescencia programada, se convierten rápidamente en chatarra exportable a países que obtienen ingresos por hacer de sus territorios amplios basureros de tecnología caduca. El libro de papel es más ecológico, todavía, desde cualquier punto de vista.
Pero la definición es apenas una de las aristas del debate, porque el libro digital no implica sólo un cambio de soporte. El libro digital y sus infinitas modalidades está inmerso en una revolución de transmisión y difusión del conocimiento y todos estamos en ese barco. Unos miran hacia atrás, otros hacia delante y uno que otro quisiera lanzarse por la borda.// Mediatelecom (MX)

