Un llamado de atención sobre el uso del léxico inglés

“Lengua pobre” no es lo mismo que “¡pobre lengua!”. El primer enunciado no le corresponde a nuestro español, pues es rico por su origen y por lo que recibió a lo largo de su historia. El segundo, de carácter exclamativo, sí, si lo maltratamos con nuestros dislates por ignorancia.

La lengua española no se ha empobrecido y no lo hará nunca; crece día a día. “Empobrecer” denota decaer, venir a menos. No puede haber decaído una lengua hablada por más de quinientos millones de personas, que se ha enriquecido con las normas de cada uno de los países hispanohablantes. Los versados en el error la expresan pobremente (“Se incendió un incendio”); lo más grave es que no reparan en que cometen yerros y los repiten sin cesar incrustados en una sintaxis tortuosa -a veces, inconclusa- y llena de fracturas. Una de esas equivocaciones es femicidio en reemplazo de feminicidio (del latín femina, mujer + el sufijo -cidio, acción de matar), pues le falta una sílaba. Otros errores muy comunes: en base a (sobre la base de); temas a tratar (temas para tratar o temas por tratar); ese arma (esa arma); es por eso que (por eso o es por eso por lo que).

El apego insistente a algunos anglicismos impide que se usen las palabras de que goza el español. Por ejemplo, se reemplazan con chequear verbos como comprobar, controlar, cotejar, examinar, explorar, revisar, verificar; en lugar de correo electrónico, se dice e-mail o, simplemente, mail; el DC (disco compacto) es CD (compact disc); de acuerdo se sustituye con okey; rebaja, con sale; postre de queso, con cheese cake; en línea, con on line; reparto, entrega, con delivery; autofoto, con selfie; gimnasio, con gym; existencias, con stock. ¿Les cuesta más hablar en español que en inglés, o actúan así para que “los entiendan mejor”? Sabemos que algunas personas, adolescentes y adultos, dicen que es cool mezclar el inglés con el español, es decir, no hablar ni en inglés ni en español. Lo peor es que, cuando se les pregunta “¿qué significa cool?”, titubean, no saben cómo traducirla. Unos dicen fresco, entretenido; otros, actual, con estilo. En realidad, su significado no les importa, pero cada uno tiene que ser cool porque es “divertido”, y así lo exigen estos tiempos líquidos, más fugaces que lo fugaz.

No solo ha influido la tecnología en la introducción de palabras inglesas, sino también la moda (casual, fashion, strapless, trendy) y las ciencias (doppler, lifting). Cuando se las necesita porque carecemos de los vocablos que buscamos, bienvenidas sean, pero escritas con bastardilla para destacar su carácter de extranjerismos (backgammon, big bang, spot) o españolizadas en letra redonda (“baipás”, “biochip”, “epidural”, “espray”, “esprint”, “estent”).

El inglés en el españolTambién influye la sintaxis inglesa en la española, pues se advierten calcos en de acuerdo a (de acuerdo con); en relación a (en relación con o con relación a); relacionado a (relacionado con); esperar por alguien (esperar a alguien); resultar en un fracaso (resultar un fracaso); en mi opinión (desde mi punto de vista); mi nombre es Liliana (me llamo Liliana); junio 19 (19 de junio); era por lejos la mejor (era de lejos la mejor). El uso del léxico inglés no constituye una amenaza para la lengua española; es un llamado de atención, ya que implica pobreza de vocabulario, y esto es grave. Sí, lo son los errores gráficos, morfosintácticos y léxico-semánticos que se cometen a diario y sin pudor en los ámbitos profesionales, los diarios, la radio y la televisión, pues distorsionan la sintaxis y transgreden el sistema gramatical.

En síntesis, todos debemos reconocer que hablar y escribir en español no significa “saber” hablar y escribir en español. La lengua es nuestra identidad, nuestro valioso patrimonio. Somos lo que decimos y lo que hacemos. Por eso, debemos aprender con responsabilidad nuestra lengua para que las palabras no anden en pena en busca de sentido.

Alicia María Zorrilla es vicepresidenta de la Academia Argentina de Letras// Clarín

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