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El País (1976): periódico español

(RQCh).- El País es un periódico de España, se publica diariamente. Se fundó el 4 de mayo de 1976 por José Ortega Spottorno, Jesús de Polanco y Juan Luis Cebrián.

El diario pertenece al grupo mediático español Grupo Prisa, del cual el mayor accionista es la estadounidense Liberty Acquisition Holding.Periódicos españoles

Dejad a la lengua en paz #Idioma

En un artículo reciente, Javier Marías ha vuelto a explicar a sus lectores mediante un par de ejemplos lo que infinidad de veces desde la Academia Española se ha señalado: que son los hablantes, y no ella, quienes han decidido emplear la palabra autista en sentido figurado, para referirse a alguien encerrado en su mundo y desconectado de los demás; o la vozcáncer para designar, también por vía metafórica, la “proliferación en el seno de un grupo social de situaciones o hechos destructivos”. No supone insensibilidad por parte de la corporación el no poder atender las peticiones de expulsión lexicográfica que le hacen las asociaciones de padres de niños con autismo o de enfermos de cáncer. “Esta institución”, escribía el novelista, “en contra de lo que muchos quisieran, no prohíbe ni impone nada; tampoco juzga”; como mucho, advierte de que tal o cual vocablo puede resultar malsonante o denigratorio.

Al hablar de los fenómenos lingüísticos es imprescindible distinguir cuidadosamente los niveles, y en particular el ortográfico de todos los demás. De los distintos planos de una lengua, el único que está sometido a una regulación convencional es el de la ortografía. Del mismo modo que en carretera se circula por la derecha y no por la izquierda —salvo en ciertos países en que la convención es justamente la contraria— o que una luz roja obliga a detenerse y una verde nos permite pasar —podría ser al revés, u otros los colores—, determinadas palabras se escriben — ajenos los hablantes a complejos condicionamientos etimológicos o de otra índole— con j o con g, con b o con v, con hache o sin ella, llevan acento gráfico las agudas que terminan en vocal,n o s y no lo llevan en cambio las llanas que están en esa misma situación, etcétera. Son reglas, insistamos, convencionales, que podrían ser otras, o cambiar. Podría decretarse que en todos los casos el sonido velar llamémoslo “fuerte” que tiene g delante de e o i se escribiera con jota, como le gustaba a Juan Ramón (y se tomaba la libertad de practicarlo). Podría hacerse caso a la propuesta —notablemente demagógica, y por lo demás en absoluto nueva— que Gabriel García Márquez hizo en el congreso de Zacatecas de “jubilar la ortografía”, es decir, simplificarla de raíz.

Pero si la regulación del tráfico está en manos de la dirección general correspondiente (y, supongo, de organismos supranacionales, para que, al menos en lo básico, no haya grandes disparidades de un país a otro), ¿a quién compete la regulación ortográfica? La respuesta a esta pregunta es sumamente compleja, y apunta a un abanico de posibilidades que van desde el mero consenso asentado en una tradición consuetudinaria hasta la existencia de una entidad que ejerce la potestad reguladora. Ni siquiera son equiparables los casos de dos lenguas dotadas ambas de Academia, como el español y el francés, pues, por ejemplo, la autoridad prescriptiva en materia ortográfica de la Real Academia Española es sensiblemente mayor que la de la Académie française.

Antes de la fundación de la Española se habían producido intentos particulares de regular nuestra ortografía, pero no habían pasado de ser eso: conatos individuales. ¡Cuánto le hubiera gustado a Nebrija, por ejemplo, que su propuesta ortográfica de 1492, renovada en 1517, fuese generalmente aceptada! No fue así, ni con la suya ni con otras posteriores, y solo la existencia de una entidad respaldada por la Corona hizo que las decisiones académicas en materia de ortografía literal (esto es, ortografía de las letras), sabiamente dosificadas entre 1726 y 1815, fueran progresivamente aceptadas por las imprentas y se generalizaran a través de la enseñanza, de modo que, en lo sustancial, el uso de las letras no ha cambiado en los dos últimos siglos. A que ello haya sido así, en un caso a priori tan proclive a la dispersión como el de una lengua escrita no solo en España sino en un elevado número de repúblicas soberanas que se extienden entre el río Bravo y el estrecho de Magallanes, contribuyó decisivamente la fundación desde 1871 de toda una serie de academias correspondientes de la Española en los países de aquel continente, corporaciones hoy integradas en la Asociación de Academias de la Lengua Española (ASALE).

Hablando españolLos hispanohablantes tenemos motivos para estar satisfechos no solo por nuestra unanimidad ortográfica —que tanto contrasta, por ejemplo, con el divorcio entre la ortografía portuguesa y la brasileña—, sino también por la sencillez, la transparencia y la racionalidad de nuestra ortografía, no absolutamente fonológica, es decir, sin completa correspondencia entre sonidos y letras, pero muy cercana a ella y con un sistema de acentuación inequívoco que bien podría envidiarnos, por ejemplo, el italiano.

Los usuarios han preferido ‘lúdico’ a ‘lúdicro’ y ‘élite’ a ‘elite’ y el diccionario, antes o después, así lo ha aceptado

En tales condiciones, debe exigirse suma cautela a la hora de introducir cualquier cambio en nuestra ortografía, cabe incluso reclamar que nada se toque en ella. Las pocas modificaciones introducidas en las ortografías académicas de 1999 y 2010, por ejemplo en el terreno de la acentuación, han sido recibidas con polémica, con resistencias y aun con llamadas a la desobediencia. Y es que los hablantes, en materia ortográfica, se irritan con las novedades, se hacen profundamente misoneístas. Bien lo sabía ya Nebrija: “En aquello que es como ley consentida por todos es cosa dura hacer novedad”.

Desde febrero, una polémica recorre la sociedad francesa —y la de otros países francófonos— a causa de una disposición ministerial por la que, a partir del próximo otoño, cierta reforma ortográfica aprobada por la Academia francesa hace nada menos que 26 años, en 1990, se aplicará en los manuales escolares. La palabra oignon podrá escribirse ognon, la voz nénuphar podrá ser nénufar, podrán omitirse muchos acentos circunflejos sobre las vocales i, u… Nótese que estamos empleando el verbo poder, y no deber, pues la nueva ortografía serárecomendada y no impuesta. Los libros de texto que la apliquen llevarán en lugar visible la correspondiente advertencia para que no se tomen por faltas de ortografía las que no lo son. Durante mucho tiempo convivirán la vieja y la nueva ortografía, pues esta tendrá carácter potestativo. Naturalmente, y a pesar de tantas cautelas, las voces disidentes se han hecho oír de inmediato. La ciudad de Nîmes ya ha dejado bien claro que no acepta en absoluto que se la desposea de su acento circunflejo.

En Alemania —donde la norma ortográfica está regulada por una obra no institucional, el famoso Duden, descendiente del diccionario publicado en 1880 por un profesor de secundaria, Konrad Duden— una reforma de la ortografía acordada en 1996, y que había de implementarse durante un periodo de transición de ocho años, suscitó la oposición frontal de profesores, escritores, medios de comunicación, etcétera, y en 2004 un 77% de los alemanes la consideraba insensata.

El del inglés es un caso aparte. Su grafía no refleja los cambios fonéticos producidos en la lengua después del siglo XV (!), y, pese a la extraordinaria complejidad de su spelling, ningún organismo concreto lo regula, más allá del consenso que desde el siglo XVII fueron concitando los diccionarios en torno a la escritura de las palabras de esa lengua. Hoy, como se sabe, existen algunas pequeñas diferencias entre el inglés británico y el americano, no insalvables, desde luego, pero de más entidad que las prácticamente inexistentes del mundo hispanohablante —y que no son propiamente ortográficas sino fonéticas(sebiche y seviche junto a cebiche y ceviche) o prosódicas (la esdrújula vídeo de España frente a la llana video de América, etcétera)—. Insistamos: la ortografía del español es envidiable. ¿A qué menealla?

En los terrenos que no son el ortográfico, es decir, en el gramatical y el léxico, el planteamiento es muy otro. Los gramáticos y los lexicógrafos —y señaladamente dentro de ellos, en el mundo hispánico, la Academia Española y las Academias de ASALE— codifican el uso, y puesto que este emana esencialmente de la voluntad de los hablantes, su actuación es cada vez más descriptiva que prescriptiva.Normativa, si se quiere, pero entendiendo la norma como el conjunto de los usosnormales en una determinada modalidad de la lengua.

Debe exigirse suma cautela a la hora de introducir cambios en nuestra ortografía, cabe reclamar que nada se toque

Los hablantes han decidido preferir lúdico a lúdicro oélite a elite, o que enervar es no solo ‘debilitar, quitar la fuerza’, sino también ‘poner nervioso’, y el diccionario académico, antes o después, así lo ha aceptado. Si la antigua gramática académica establecía taxativamente que los sustantivos y adjetivos terminados en tónica hacían el plural en -íes (carmesí, carmesíes), la actual reconoce que “tienden a admitir las dos variantes de plural: -es y -s”; es decir, da por buenos tanto rubíes como rubís. El uso de le en lugar de les en construcciones reduplicadas, sobre todo en posición anticipada (“decirle a los ciudadanos la verdad” en lugar de “decirles a los ciudadanos la verdad”), ha avanzado tanto en España y América que la Nueva gramática académica de 2009 no puede sino considerarlo “frecuente”; añadiendo, eso sí: “En los registros formales se aconseja mantener la concordancia de número”. Podríamos aducir docenas de casos similares.

En fin, si ni siquiera la Academia, notaria más que aduanera, puede imponer un uso lingüístico en el ámbito gramatical y léxico, innecesario es decir que con menor motivo podrán pretender hacerlo organismos ministeriales o autonómicos. Pero esto nos llevaría ahora por otros derroteros. Como gustaba decir don Emilio Alarcos, hay que dejar a la lengua, y a las lenguas, en paz. En ellas manda —salvo en el terreno ortográfico, como hemos pretendido dejar claro— la colectividad. Si los ciudadanos son depositarios de la soberanía política, los hablantes lo son de la lingüística.

Pedro Álvarez de Miranda ocupa el sillón Q de la Real Academia y es catedrático de Lengua Española. Acaba de publicar Más que palabras (Galaxia Gutenberg).// El País

Pénalti o penalti #Español

La mayoría de los locutores deportivos siguen pronunciando ‘pénalti’, esdrújula, a pesar de la insistencia suya y de Fundéu y de diversos manuales de locución que dicen que se pronuncie grave, /penálti/. ¿No es una lucha perdida?, Pilar Acevedo Y.

Respuesta: En realidad, sí. De hecho, el Diccionario de americanismos, 2010, que es normativo para los 20 países de este continente que tienen como lengua común el español, incluye la versión esdrújula, pénalti, como alternativa a penalti y penal. Eso significa que el error de marras de locutores deportivos de radio y televisión deja de serlo.
Lo que sigue siendo error es escribirlo con i griega final, penalty, que es la escritura propia del inglés. En español es penalti, con i latina, y ahora también pénalti.

Tiros desde punto penal

Mientras los narradores hablan de los penales para definir partidos y los diarios los llaman penaltis, yo abro el DLE para salir de dudas, y encuentro que el penalti (o penal) es una ‘sanción’. Me resisto a aceptar que el resultado de un partido se defina por medio de sanciones, Vicente Cardona, Neiva (Huila).

Respuesta: Lo que se entiende por penalti o por penal en este contexto es ‘tiro desde el punto penal’, acepción que el DLE podría agregar en alguna de sus próximas enmiendas. La sanción del penalti data de 1891, mientras que la definición de un partido que termina en empate con tiros desde el punto penal se origina ochenta años después, en 1971. No sobra, en todo caso, la recomendación a narradores de fútbol de aclarar, en estos casos, que “el partido se define con tiros a la portería desde el punto penal”, mejor que “se define por penaltis” o “por penales”.

El idioma en el fútbolFútbol o futbol

Los narradores argentinos, que en Colombia ya son varios, dicen futbol, pronunciado /futból/, mientras que los colombianos siguen diciendo fútbol. Al fin, ¿cuál de las dos formas de pronunciarlo es la correcta?, Jorge A. Peña.

Respuesta: Las dos. Desde hace más de medio siglo, la Academia optó por declarar empate lingüístico en ese partido entre los partidarios de la voz aguda, ‘futbol’, y los de la grave, ‘fútbol’. En el DLE se puede ver el registro de las dos formas, ‘futbol’ y ‘fútbol’, que corresponden a sus dos formas de pronunciarlo, /futból/ y /fútbol/.

¿Jugar al fútbol?

He oído las expresiones “juega fútbol” y “juega al fútbol”. ¿Cuál es la correcta?, Marisol del Val R.

Respuesta: Las dos. Jugar es intransitivo, ‘juega a las cartas’, ‘juega a la pelota’, ‘juega al fútbol’, y en su acepción 14, transitivo, ‘juega cartas’, ‘juega pelota’, ‘juega fútbol’.

FERNANDO ÁVILA
Experto en redacción y creación literaria// El Tiempo

Mucho más que un punto #Español

Desde la invención de la imprenta, que las frases acabaran con punto era una verdad tan asumida, que incluso las cabeceras de algunos diarios lo llevaban: “The Times.”, por ejemplo. En 1929, Stanley Morison pidió audiencia a los mandamases del rotativo británico para hacerles una propuesta tipográfica nueva. Morison consideraba que la letra que utilizaban no era ni clara ni elegante, y él tenía en mente otra, que estaría en consonancia con la calidad y el prestigio del diario londinense. Lo explica el diseñador Enric Satué, en el libro Arte en la tipografía y tipografía en el arte.

Cuando Morison se despidió de aquellos caballeros, les dijo que el punto que cerraba la cabecera era innecesario y anticuado, y que si aceptaban la nueva letra, no hacía falta que se lo comunicaran personalmente, con que sacaran el punto de la cabecera sería suficiente. Al cabo de dos meses, The Times se publicó sin el punto y Morison supo que su propuesta, con la ayuda imprescindible de Victor Lardent, había sido aprobada. Así nació el tipo Times, “de extraordinaria elegancia y refinamiento tipográficos”, según Satué.

Hace un par de años, mi hija me pidió que no pusiera puntos en los wats­aps. La razón era que el punto otorgaba a mis palabras una seriedad que, en realidad, yo no pretendía darles. A ella ese signo le imponía, me veía hablando con circunspección. A mí también me habían enseñado que las frases acababan con punto. Pero en los nuevos lenguajes, ese signo ortográfico tiene nuevas connotaciones y no siempre es necesario.

Lo explicaba hace unos día David Crystal en The New York Times. El lingüista norirlandés lo ejemplarizaba con la palabra perfecto. Si alguien está de acuerdo con lo que dice su interlocutor, responde: “Perfecto”, sin punto. Si está muy de acuerdo y se alegra: “¡Perfecto!” con exclamaciones. Pero si quiere expresar contrariedad, como, por ejemplo, cuando uno se pasa la tarde cocinando y la pareja cancela la cena, la respuesta incluye el punto: “Perfecto.”.

Habalndo españolLos mensajes cortos, los watsaps, los tuits, las frases que son como titulares… han convertido esta redonda pequeña en un signo de puntuación opcional, por no decir innecesario. Empezó hace casi 90 años con Morison en The Times y ahora ha dado otro paso adelante. Hoy el punto adquiere nuevos sentidos por el hecho de ponerlo o no ponerlo. Este elemento estático, con aires de superioridad como cerrojo de todas las puertas y que parecía que llevaba una vida ordenada, también evoluciona, muda e incluso, cuando no está, aporta su matiz. Punto final.// La Vanguardia

35 palabras en inglés que sí tienen traducción al castellano #Español

La nueva campaña de la RAE, Lengua madre no hay más que una, quiere dar un toque de atención al mundo globalizado; es una crítica a quienes apuestan por los anglicismos antes que por la lengua patria y, por qué no admitirlo, un llamamiento específico para que sectores como el de la moda o la tecnología entonemos el mea culpa.

Cuando los puestos de trabajo no son lo único que suena mejor en inglés y la era digital amenaza con llenarlo todo de extranjerismos, sólo faltaba la percepción de algunos de que las cosas en otro idioma quedan mejor.

Si bien es cierto que algunos términos (como bodyshaming,  por ejemplo) son tan específicos que no dan lugar a traducción sin sonar rebuscados, utilizando anglicismos de forma gratuita corremos dos peligros: el de olvidar las acepciones en nuestro idioma y el de sonar absolutamente ridículas. El inglés en el español

Así, recordamos 35 expresiones recurrentes en inglés que sí TIENEN traducción al castellano:

Blazer – Americana

Break – Pausa

Casual – Informal

Cool – Guay

Cupcake – Magdalena decorada

Crop top – camiseta corta

Food Truck – Puesto ambulante de comida

Frayed Jeans – vaqueros recortados con flecos

Freelance – Autónomo

Girly – Femenino

Hoodie – Sudadera

Influencer – Líder de opinión

Internship – Prácticas en empresa

Jeans – Vaqueros

Jumpsuit – Mono

Leggings – Mallas

Look book – Catálogo

Low cost – Asequible

Must have – imprescindible

Muffin – Magdalena

New Face – Revelación (normalmente, aplicado a modelos)

Outfit – Estilismo

Oversize – Grande

Print – Estampado

Partner – Colaborador

Season – Temporada

Shooting – Sesión de fotos

Sneakers – Zapatillas deportivas

Stretch – Ajustado

Squad – Equipo

Squat – Sentadilla

Trench – Gabardina

Trendy – De moda

Workout – Entrenamiento

Workshop – Taller// Glamour

Fundaciones proalgo #Español

Son numerosas las fundaciones en cuya denominación se indica ya que se han constituido a favor de un fin determinado, lo cual suele expresarse brevemente con el auxilio de la palabra pro, ?en favor de?: Fundación Pro Niños de la Calle, Fundación ProTecho,Fundación Pro Educación de El Salvador, Fundación Pro Derechos de la Infancia, Fundación pro Real Academia Española, Fundación pro-RAE, la futura fundación pro-asilo. Como se ve, el término en cuestión aparece unas veces con mayúscula, otras con minúscula, enlazado con guion a la palabra que le sigue, separado… 

La forma de escribir pro depende de qué clase de palabra se considere que es. Además de sustantivo con el significado de ?ventaja o aspecto favorable? (Sopesa los pros y los contras de su decisión), es prefijo. Como tal, unas veces significa ?por? o ?en vez de? (procónsul) y otras ?ante?, ?delante de?, ?hacia delante? (prólogo, proseguir). La 22.ª edición del Diccionario indicaba también que pro era preposición cuando significaba ?en favor de?. 

En el 2005, el Diccionario panhispánico de dudas explicaba que, como preposición, se anteponía a sustantivos sin determinante y significaba ?en favor o en beneficio de?: Fundación pro Real Academia Española.Precisaba que, como preposición, se escribía siempre separada del sustantivo al que acompañaba y recomendaba que no se confundiese con el prefijo pro-

Pero la doctrina académica evoluciona, por lo que conviene ir siempre a su manifestación más reciente, que prevalece sobre las anteriores. Así, en el 2009 la Gramática dijo sobre la partícula pro ?en favor de?: «Aunque considerada preposición por algunos gramáticos, está más cerca de los llamados prefijos separables». Sobre la forma de escribirla, añadía que aunque en la escritura se registra la grafía unitaria (prorreelección) o con guion intermedio (pro-reelección), es más habitual la opción en la que pro se separa gráficamente de la palabra sobre la que incide (pro reelección). «Cuando precede a un adjetivo -precisaba- se escribe como una sola palabra: Algunos congresistas progubernamentales». 

Hablando españolAl año siguiente apareció la nueva ortografía, que insistía en que pro es un prefijo separable, al que hay que aplicarle la norma general sobre prefijos: unidos gráficamente a la base a la que afectan si es una sola palabra (proamnistía), con guion si esta comienza con mayúscula(pro-Obama) y separados cuando la base es pluriverbal (pro derechos humanos).

Así, pues, volviendo a las fundaciones del principio, habrá que escribirla futura fundación proasilo, Fundación pro Real Academia Española y Fundación pro-RAE. Quizá un poco complicado para quienes no estén al tanto de la evolución de la norma. Que son la mayoría de los hablantes.// La voz de Galicia

Español: Redundancias poco perceptibles

El esnobismo parece romper cualquier límite, según lo demuestra quien desea presumir frente a sus amigos: “Asistí a un show espectacular”, sin tomar en cuenta que “show” (anglicismo) y “espectáculo” son sinónimos.Quizás, esta expresión corresponde a la misma persona que asistió a la “velada nocturna”.

Para aludir a una situación obvia o a una expresión sobreentendida, es común escuchar la expresión “descubrió que el agua moja”. Casi nadie duda de la evidente redundancia que entraña esa idea. Sin embargo, los contagios de muchos usos del idioma, debido a su novedad y a la aparente elegancia, llevan a que hablantes y escribientes incurran en esos excesos de significado.

La preposición en (para citar otro caso) guarda el significado preciso que “denota en qué lugar, tiempo o modo se realiza lo expresado por el verbo a que se refiere” (www.rae.es). Por eso, “al interior de” aparece como un recurso muy retocado al hablar. Ejemplos hay muchos: “nos reunimos al interior del auditorio”, “al interior de la junta tomamos la decisión”. Y tal fácil que es decir “nos reunimos en el auditorio”, “en la junta tomamos la decisión”. Cuando se está en las afueras, a los lados o costados, sí es muy pertinente su uso: “Luego de conocer Cartagena, los turistas viajaron al interior del país”.

A cientos de locutores radiales se les escapa “en el día de ayer regresamos de Guacamayas, en Boyacá”. Y tan sencillo que es “ayer regresamos de Guacamayas, en Boyacá”. Por eso se dice que la brevedad es virtud de pocos.

Redundancias en el españolAlargar las expresiones sin añadir un sentido distinto parece ser el recurso de quienes no tienen mucho por decir. Con la reiteración y la redundancia, imaginan que impresionarán a sus interlocutores. Entonces, como “en el día de ayer”, empiezan a añadir las características evidentes de los sustantivos que mencionan: “en el mes de diciembre viajaremos al exterior”, “estuvimos en la ciudad de Bogotá”, “las actividades realizadas llamaron la atención del público”, “el partido jugado dejó un empate en el marcador”, “las personas que asistieron a la conferencia aplaudieron con mucho entusiasmo”.

De nuevo, aconsejamos la sencillez: “en diciembre viajaremos al exterior”, “estuvimos en Bogotá”. En serio: ¿Acaso en otras circunstancias decimos: “al ser humano Fabio lo nombraron director del noticiero”, “el país de Colombia cuenta con variados pisos térmicos”? Al hablar, somos directos: “Fabio fue nombrado director del noticiero”, sin pensar que ese director pueda pertenecer a otra especie viva. Y en el otro ejemplo, por el contexto, sabemos que Colombia es un país: “Colombia cuenta con variados pisos térmicos”.

Veamos las demás oraciones y acudamos a la lógica simple: “las actividades realizadas llamaron la atención del público” (¿existen actividades sin realizar?), “el partido jugado dejó un empate en el marcador” (¿cómo pudo empatarse en un partido si este no se jugó?), “las personas que asistieron a la conferencia aplaudieron con mucho entusiasmo” (¿habrá quienes aplaudan a distancia?). Noten las simpleza y la claridad de las ideas cuando evitamos empalagar con el lenguaje: “las actividades llamaron la atención del público”, “el partido dejó un empate (obvio: en el marcador)”, “en la conferencia, se aplaudió con mucho entusiasmo”.

Enumerar los pleonasmos (que son formas de redundancia) nos tomaría varios volúmenes. También se sabe que muchos se valen para enfatizar: “yo mismo, con mis propios ojos, observé cuando el funcionario recibía el dinero”. Por supuesto que en el habla coloquial y espontánea, ninguna objeción hay al respecto; eso conforma el dinamismo y la vitalidad de una lengua. La inquietud aparece porque son las personas que ofician como modelo del buen decir y escribir quienes cometen los desaciertos en esta materia: periodistas, políticos, publicistas, entre otras.

Sé que el siguiente ejemplo ya lo he citado muchas veces, pero, como sigo escuchando su afectado y equivocado uso, acudo a la reiteración: “Funcionario público”. Todo funcionario es, necesariamente, “público”. Por eso, unir las dos palabras es una redundancia. Basta con decir “funcionario”: ya se sabe que es empleado del sector público. Y por una simple inferencia, no hay “funcionarios” en el sector privado. Quizás, con ese uso afectado se quiere evitar el término “empleado” (suena a “usado”), pero se incurre en una impropiedad.

Aprovechando una época festiva, pero muy lluviosa, alguien se dirigió a uno de sus compañeros de trabajo para invitarlo a ver en la noche los “fuegos pirotécnicos” (piro = fuego). Entonces, el invitado quiso compensar a su invitador con un café, mientras cada uno abría su paraguas, y los dos recordaban cuán favorable era protegerse de “la lluvia húmeda de agua mojada”.

Con vuestro permiso.

JAIRO VALDERRAMA

Profesor de la Facultad de Comunicación

Universidad de La Sabana// El Tiempo

Un llamado de atención sobre el uso del léxico inglés

“Lengua pobre” no es lo mismo que “¡pobre lengua!”. El primer enunciado no le corresponde a nuestro español, pues es rico por su origen y por lo que recibió a lo largo de su historia. El segundo, de carácter exclamativo, sí, si lo maltratamos con nuestros dislates por ignorancia.

La lengua española no se ha empobrecido y no lo hará nunca; crece día a día. “Empobrecer” denota decaer, venir a menos. No puede haber decaído una lengua hablada por más de quinientos millones de personas, que se ha enriquecido con las normas de cada uno de los países hispanohablantes. Los versados en el error la expresan pobremente (“Se incendió un incendio”); lo más grave es que no reparan en que cometen yerros y los repiten sin cesar incrustados en una sintaxis tortuosa -a veces, inconclusa- y llena de fracturas. Una de esas equivocaciones es femicidio en reemplazo de feminicidio (del latín femina, mujer + el sufijo -cidio, acción de matar), pues le falta una sílaba. Otros errores muy comunes: en base a (sobre la base de); temas a tratar (temas para tratar o temas por tratar); ese arma (esa arma); es por eso que (por eso o es por eso por lo que).

El apego insistente a algunos anglicismos impide que se usen las palabras de que goza el español. Por ejemplo, se reemplazan con chequear verbos como comprobar, controlar, cotejar, examinar, explorar, revisar, verificar; en lugar de correo electrónico, se dice e-mail o, simplemente, mail; el DC (disco compacto) es CD (compact disc); de acuerdo se sustituye con okey; rebaja, con sale; postre de queso, con cheese cake; en línea, con on line; reparto, entrega, con delivery; autofoto, con selfie; gimnasio, con gym; existencias, con stock. ¿Les cuesta más hablar en español que en inglés, o actúan así para que “los entiendan mejor”? Sabemos que algunas personas, adolescentes y adultos, dicen que es cool mezclar el inglés con el español, es decir, no hablar ni en inglés ni en español. Lo peor es que, cuando se les pregunta “¿qué significa cool?”, titubean, no saben cómo traducirla. Unos dicen fresco, entretenido; otros, actual, con estilo. En realidad, su significado no les importa, pero cada uno tiene que ser cool porque es “divertido”, y así lo exigen estos tiempos líquidos, más fugaces que lo fugaz.

No solo ha influido la tecnología en la introducción de palabras inglesas, sino también la moda (casual, fashion, strapless, trendy) y las ciencias (doppler, lifting). Cuando se las necesita porque carecemos de los vocablos que buscamos, bienvenidas sean, pero escritas con bastardilla para destacar su carácter de extranjerismos (backgammon, big bang, spot) o españolizadas en letra redonda (“baipás”, “biochip”, “epidural”, “espray”, “esprint”, “estent”).

El inglés en el españolTambién influye la sintaxis inglesa en la española, pues se advierten calcos en de acuerdo a (de acuerdo con); en relación a (en relación con o con relación a); relacionado a (relacionado con); esperar por alguien (esperar a alguien); resultar en un fracaso (resultar un fracaso); en mi opinión (desde mi punto de vista); mi nombre es Liliana (me llamo Liliana); junio 19 (19 de junio); era por lejos la mejor (era de lejos la mejor). El uso del léxico inglés no constituye una amenaza para la lengua española; es un llamado de atención, ya que implica pobreza de vocabulario, y esto es grave. Sí, lo son los errores gráficos, morfosintácticos y léxico-semánticos que se cometen a diario y sin pudor en los ámbitos profesionales, los diarios, la radio y la televisión, pues distorsionan la sintaxis y transgreden el sistema gramatical.

En síntesis, todos debemos reconocer que hablar y escribir en español no significa “saber” hablar y escribir en español. La lengua es nuestra identidad, nuestro valioso patrimonio. Somos lo que decimos y lo que hacemos. Por eso, debemos aprender con responsabilidad nuestra lengua para que las palabras no anden en pena en busca de sentido.

Alicia María Zorrilla es vicepresidenta de la Academia Argentina de Letras// Clarín

Cómo decimos "gay"

La matanza perpetrada en Orlando ha aumentado la circulación de la palabra “gay” en estos días, y por esa lamentable razón se ha podido observar con intensidad el uso de tal término en los medios: La prensa lo muestra sin cursiva y con el plural españolizado: gais. Pero en la radio (lo que coincide quizás con el lenguaje oral común) oímos con más frecuencia la pronunciación guei y gueis, en vez de la correspondiente naturalización fonética gai y gais. Por tanto, este vocablo está librando una lucha interior entre su grafía y su sonido. La Academia decidió que la escritura “gay” marcara la pronunciación en español, pero quién sabe si la costumbre de los hablantes obligará a seguir algún día el trayecto contrario.

El término “gay” tiene su origen lejano en el latín gaudium (gozo), de donde pasó como “gai” al occitano (lengua romance de esplendor medieval en el sur de Francia). En español, la voz “gai” derivó en “gayo”, con el significado de “alegre” y “vistoso”. Corominas y Pascual datan esa aparición hacia 1400. Por su parte, Covarrubias (1611) hace equivaler “gayo” con “alegre” y “apacible”; y tiempo después el diccionario castellano de Esteban Terreros y Pando (1787) le añadirá por vez primera al femenino “gaya” la acepción de “mujer pública”. Este sentido lo incorporó también la Academia (en 1852), pero se desvanecería a principios del siglo XX (lo borró del Diccionario en 1939).

Mientras tanto, en las Galias ya se venía usando “gai” como equivalente de “alegre, amigo de los placeres”. Siglos más tarde nombraría asimismo en francés (tal vez por esa desnortada idea de la “vida alegre”) a las prostitutas. Según Gregorio Doval (Palabras con historia, 2002), en los antiguos teatros británicos el galicismo “gay” (alegre) designaba al personaje femenino promiscuo y picante. Y como todos los papeles eran representados por hombres (incluidos los de mujer), se asociaron luego las dos ideas y se fijó su connotación de homosexual.

Por tanto, los términos “gayo” y “gaya” funcionaron en nuestro idioma como espejo de las evoluciones que en inglés y francés afectaron a “gay” y “gai”, excepto en lo que se refiere a la homosexualidad.

Cómo se pronuncian las palabrasEl poco uso de esa alternativa en castellano dificultó que se le añadiese la nueva acepción de su palabra hermana; y el español periodístico adoptó “gay” desde el inglés, para dejar en segundo plano “homosexual”.

Su consagración en el Diccionario usual se produjo en 2001, con esta definición: “Gay. Del inglés gay; propiamente ‘alegre’, y este del francés gai, ‘alegre’. Dicho de una persona, especialmente de un hombre: homosexual. ‘Sus mejores amigos son gais”. Sin embargo, el largo recorrido de esta palabra no ha concluido. Quince años después de esa bendición académica, la escribimos en redonda pero todavía la decimos en cursiva.// El País

¿Titubea al escribir haz y has?

«Haz» y «has» son formas verbales correctas. La elección de usar la zeta o la ese en su terminación depende del verbo al que se refieran.

Se emplea con la zeta cuando se trata de la segunda persona del modo imperativo del verbo hacer. Ejemplos: Tú haz la tarea. Haz el artículo científico así como te indiqué.

Se usa con la ese cuando se refiere a la segunda persona del presente del modo indicativo del verbo haber. Ejemplos: Tú has recordado todo. Siempre me has tratado con cariño.

Haz (con zeta) también es sustantivo. En este caso tiene algunos significados: manojo o atado de mieses, hierbas, leña y otras cosas alargadas (trajo un haz de mieses); conjunto de rayos luminosos (entró un haz de luz). En anatomía, fibras musculares o nerviosas agrupadas de manera paralela (un haz de fibras nerviosas); en geometría, conjunto de rectas que pasan por un punto (haz de rectas paralelas).

Asimismo significa cara o rostro (haz y faz son equivalentes); cara de cualquier cosa, generalmente cuando tiene un buen acabado (el haz de la seda es suave); en la hoja de una planta, cara superior (el haz de las hojas se reverdece con el sol).

Escritura correcta del español«Haz» está presente también en algunas locuciones como «el haz de la tierra», que equivale a «la faz de la tierra» (superficie terrestre).

Hace mucho tiempo atrás

No se recomienda el uso del adverbio «atrás» en contextos en que el verbo «hacer» forma parte de un complemento temporal. Así, «hace mucho tiempo atrás» es una frase redundante, pues en la palabra «hace» está implícito el sentido de ‘atrás’. Por lo tanto, basta con decir o escribir «hace mucho tiempo» o «hace algún tiempo».

Si se prefiere el uso del adverbio «atrás», se debe optar por las construcciones «mucho tiempo atrás» o «algún tiempo atrás». (F)

FUENTES:

Diccionario de la lengua española (2014) y Diccionario panhispánico de dudas(2005), de la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la Lengua Española.// El Universo